lunes, 24 de enero de 2011

ELOÍSA Y LOS BICHOS (2009), Babel Libros



From far away
The ladybug remind me
Of certain faces,
With very dark moles
And very red lips.

Alberto Blanco.

Recuerdo la fascinación por los insectos y los bichos pequeños que tenía Luis Buñuel,  ya salían en su primera película, un Perro andaluz (1922) donde aparece esa mano hueca por donde salen muchísimas hormigas, en Viridiana se rescata a una abejita que se está ahogando en un tanque de agua, los escorpiones que combaten en el inicio de La edad de oro, es proverbial su amor –odio por las arañas, ver bichitos en pantalla grande me reconfortaba. A Buñuel en su juventud lo impactó profundamente las lecturas de La vida de las abejas de Maurice Maeterlinck  (publicado en 1901), y fue además de cineasta y poeta, un apasionado entomólogo. Yo no recuerdo desde cuando comenzó mi afición por los bichos, pero lo que sí recuerdo es mi interés por crear una historia donde un ser humano pequeñito interactuara con una sociedad compleja de insectos a la que no puede ver con otros ojos que los de alguien un poco horrorizado. 


Afortunadamente esas ideas inconexas llenas de imágenes surrealistas evolucionaron hacía una historia más cálida y con un trasfondo social inmerso en la aparente rareza de una metrópoli repleta de bichos de todo tipo y el proceso lento y a veces doloroso de la adaptación. Tal vez, la atracción de lo desconocido que nos preocupaba como autores, se plasma aquí en varios niveles, en el que se siente bicho raro, en el que tarda más en adaptarse o simplemente el que se siente diferente. Eloísa, tímida y delicada, hija de inmigrantes, tiene la fuerza para afrontar sus días, en la escuela, en el metro camino de su casa, en la soledad de las tardes junto a su padre. Es nuestro libro favorito, lo llevamos a todas partes, lo leemos con los chicos y luego los escuchamos. Es un libro que despierta muchas inquietudes e interpretaciones, que nos hace a nosotros reflexionar en distintos puntos cada vez que lo releemos. Rafael incluyo un  guiño a Emigrantes de Shaun Tan en la escena en la que la pequeña polilla le regala una manzana a la cansada y perdida Eloísa.
Fue elegido entre los mejores del 2010 por el diario El Tiempo.
Será publicado en portugués por Sm Brasil y en España por la editorial El Jinete Azul.


 Eloisa y los bichos (2009) Papel maché.

martes, 18 de enero de 2011

EL PRIMER DÍA (2010), Alfaguara.

No conozco muchos libros álbum  de tema histórico. Aunque claro, en nuestra literatura infantil encontramos interesantes aproximaciones al tema de la Independencia, como Vida de Simón Bolívar para los niños de Simón Latino (1930), Retazos de historia de Guillermo Hernández de Alba, (1938) y por supuesto Cuentos Tricolor de Oswaldo Díaz Díaz, un volumen que reunía varias historias ilustradas maravillosamente por Sergio Trujillo Magnenat, publicado en 1967. Para conmemorar nuestro Bicentenario de Independencia, publicamos El primer día (2010), un libro ilustrado en donde preferimos evitar el didactismo o la vida heroica de alguno de nuestros próceres o caudillos militares, para centrarnos en una historia íntima, protagonizada por una familia santafereña que espera ansiosa una libertad que entra a la ciudad con  los ejércitos patriotas conformados por Granadinos, Llaneros venezolanos, negros e Irlandeses. Es una historia de la vida cotidiana, protagonizada por un chico que observa los acontecimientos, se emociona y los va guardando en su corazón. De tantos libros consultados, muy pocos dedicaron algo a  describir la vida privada de nuestra gente en tiempos de la independencia, pero casualmente encontré que existía un maravilloso retrato de costumbres de esos tiempos: Cuadros de la vida privada de algunos granadinos escrito por  María Josefa Acevedo de Gómez (1803- 1861) que describe las casa por dentro, las camas, los muebles, las comidas, la cotidianidad de los criados y los niños. Bogotá era aburrida y fría y tenía apenas 20 mil habitantes, esa ciudad es el protagónico trasfondo de El primer día.
El libro está dedicado a José María Espinosa, uno de los pocos pintores y dibujantes que plasmó aquella época, un personaje único, en un país en la que la herencia gráfica resulta más bien escasa. En el año de nuestro Bicentenario encontramos otros sobresalientes libros para niños y jóvenes, El amor por las tinieblas de Francisco Montaña sobre la vida del sabio Caldas y De cómo el pueblo alzó su voz de Catalina Ruiz, 5 crónicas ágiles y muy bien escritas sobre diferentes etapas de la Independencia. Como lo cuenta el libro de Catalina una misteriosa y premonitoria lluvia de meteoritos un viernes santo de 1810 fue el inicio de todo, en El primer día los asuntos de la guerra parecen desaparecer por un momento, para darle un respiro a las buenas y patriotas gentes de la capital, para que (por fin), las familias separadas por el largo conflicto vuelvan a encontrarse.

El libro fue publicado por Alfaguara en junio de 2010 y la segunda edición en diciembre del mismo año.
 Firmando El Primer día con los chicos de Primero y Segundo elemental del Colegio Los Nogales.
http://www.nogales.edu.co/biblioteca/contenido/visitadeautores.html

martes, 11 de enero de 2011

¡JIMMY, EL MÁS GRANDE! (2010)

Conocí muchos chicos y chicas parecidas a Jimmy durante mis viajes, por departamentos que tienen costas en el Caribe y en el pacífico.  De ahí nació la idea de un libro y también de la afición por el boxeo que teníamos los dos, en especial por la figura irrepetible de Cassius Clay, después llamado Muhammad Alí, “The Greatest”, el más grande. Es una historia sobre la inspiración que viene de una simple frase, de una actitud frente a la vida, de algo que nos impulsa desde muy adentro para no dejarnos ganar por el paso del tiempo. Alí decía que los campeones no se formaban en los gimnasios, pensaba (como nosotros al hacer el libro), que estaban hechos de algo inmaterial, algo que viene de adentro de ellos, un deseo, una visión. Este deseo lo tiene Jimmy, lo inspira alguien de un lugar lejano, pero lo hace suyo y lo pone a funcionar en su vida diaria, en el pequeño pueblo de pescadores donde vive.
Muhammad Alí, nunca fue un gran estudiante, ni saco buenas notas, pero es un poeta, un pensador y todavía tiene un maravilloso sentido del humor. Ya siendo campeón pudo bromear cuando alguien le recordó su pobre historial académico: "Dije que era el más grande, no el más inteligente". Nuestro Jimmy, seguramente es además buen estudiante, pero no un sabelotodo, es un poeta natural, y tiene la inteligencia para darle la pelea a la pobreza y al olvido. En recuerdo también de un boxeador colombiano, Jimmy García, quien nunca ganó un título mundial, y nunca fue famoso, pusimos el título del libro.  
Fue publicado por Ramdom House Mondadori, bajo su sello infantil Lumen en agosto de 2010.


martes, 4 de enero de 2011

LO QUE PASÓ

En el año que pasó, realizamos muchísimos talleres y encuentros con lectores por todo el país. Expusimos cómo  el libro álbum (que no es un libro convencional), requiere de una búsqueda estética en donde confluyen de manera creativa los aportes del escritor, el ilustrador, el diseñador y el editor. Nuestro proceso de trabajo que culmina con un objeto artístico y literario, es apasionante y lo compartimos con los niños y niñas participantes en estas charlas-talleres e igualmente con los grandes, ya fueran ilustradores, diseñadores, maestros o aficionados. Estos encuentros resultaron ser una puerta abierta para desarrollar las potencialidades de los lectores más jóvenes y gracias a ellos logramos familiarizarlos con el lenguaje visual para contar historias, las propias o las de otros.
Recordamos nuestro encuentro con chicos sordos en Medellín, como invitados al XVIII Juego literario de la Fundación Taller de Letras de Jordi Sierra I Fabra, durante La Fiesta del libro y la cultura, una experiencia única, que nos ayudó a entender aunque fuera por unas horas, el silencio, la habilidad del cuerpo humano para comunicarse, la importancia de la narrativa visual en la formación lectora de estos chicos maravillosos. Medellín lluviosa nos permitió acercarnos a un gran número de lectores en diversos puntos de la ciudad, Bibliotecas públicas, La casa de la Lectura Infantil de Comfenalco, la carpa del Juego Literario en el Jardín Botánico, pero también en espacios no convencionales con públicos extraordinarios como los del Centro de Formación para la Paz y la Reconciliación (CEPAR), adultos reinsertados del conflicto armado en un proceso admirable de educación.
Igualmente nuestra visitamos Cartagena de Indias invitados por la Fundación Pro Ciencia,  la Feria del Libro de Cúcuta y La Guajira, a la comunidad Mushaisa de la mina del Cerrejón, invitados por el colegio Albania. Además de firmas con lectores en colegios y librerías, destacamos nuestra visita a Espantapájaros Taller gracias a Yolanda Reyes; un enriquecedor encuentro con un público muy interesante, en la serie de conferencias “En el taller del escritor”. El marco del Bicentenario, nos permitió, junto a otros autores de Alfaguara, presentar El primer Día a los lectores, en varias charlas especiales y presentamos (de nuevo) al público, Eloísa y los bichos en la librería Babel y lanzamos en agosto Jimmy el más grande, como uno de los títulos de la colección “La Biblioteca” de Ramdom House Mondadori en un evento con muchísimo público.

lunes, 3 de enero de 2011

CAMINO A CASA (2008)


Este es un álbum sobre la pérdida, la ausencia y al mismo tiempo sobre el coraje y el valor de seguir adelante, es también uno de nuestros  libros sobre el que más se han escrito reseñas y críticas. 
 Con respecto al tema de escribir este libro álbum en particular, dije a la prensa mexicana : Algo que me parece fundamental es tener en mente de que no se está haciendo un subgénero: uno debe escribir con libertad como cualquier escritor, asumiendo la responsabilidad de hacerlo con todas sus ambigüedades, plurivalencias y significados profundos. Creo que no debe haber temas tabúes, porque los niños entienden perfectamente el mundo que los rodea. Y con esto no quiero decir que estoy en contra de las historias clásicas o de fantasía, pero es importante no autolimitarse por el solo hecho de que los lectores para los que uno escribe sean los más jóvenes. Con este libro decidimos abordar los temas que de alguna u otra forma nos interesaran, asumiendo igualmente los riesgos.
Los jurados que lo escogieron como ganador del  XI Concurso de Álbum Ilustrado A la Orilla del Viento 2007, del Fondo de Cultura Económica, son por casualidad algunos de los autores que más admiramos, Satoishi Kitamura, Gustavo Martín Garzo, Felicidad Orquín  y Anthony Browne. Será publicado en portugués en este 2011 por el Fondo de Cultura Económica.
Seleccionado de la Lista de Honor IBBY en el 2010.

lunes, 27 de diciembre de 2010

EMILIANO (2007)

Este es nuestro primer trabajo en conjunto.  Es un libro que habla sobre la soledad, pero no una soledad triste que excluye o aísla al personaje, Emiliano, un niño de seis años, sino una soledad creativa, gozosa y hasta disfrutable.  El color va apareciendo tímidamente entre los grises de la ciudad en suaves pinceladas, y el gris, el inevitable gris que rodea las grandes ciudades desaparece a medida que la historia avanza, para reaparecer y recordarnos que los personajes están viviendo ahí, y en ese lugar (hostil a veces) imaginan un mundo  amable y colorido. La soledad en las grandes ciudades puede ser un tema recurrente en el cine y en la literatura, en este caso lo pensamos desde la perspectiva de un chico desaforadamente imaginativo, lo que en cierta manera da un desarrollo optimista y sorpresivo a esta historia rodeada de bloques de edificios. Emiliano publicado en abril de 2007 fue escogido entre los mejores del Banco del Libro de Venezuela en el 2010.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Unos libros indomables.


 Dicen que ya no es libre la imaginación en el adulto. Con el inevitable paso de los años perdemos esa espontaneidad natural de la infancia. Unos recién llegados, el intelecto y la razón, la han desplazado a no sé qué recóndito lugar de la cabeza, y allí se manifiesta en un acto amoroso infatigable. Nos creemos entonces que en ese feliz momento la experiencia adquirida (que nos recuerda que ya crecimos), renueva sus votos con la imaginación disipada, en donde damos bajo una armónica perspectiva, su justo valor a lo elemental.
En este oasis de libertad gráfica y literaria se asoman desde todos los rincones un sinfín de espíritus indomables, que afrontaron sin cargas estorbosas el ejercicio de la imaginación a nivel literario y a nivel visual: Macedonio Fernández, Cortázar, Edward Lear o Benjamin Peret, el poeta surrealista por excelencia, quien según Luis Buñuel, era capaz de recrear otro mundo sin ningún esfuerzo cultural.
No obstante, la imaginación pura no basta para desarrollar una historia que seduzca a lectores y lectoras, tan exigentes, vigorosos, pero igualmente distraídos, tan ajenos a los estereotipos. Se trata entonces, de una búsqueda artística constante que requiere conjugar lo gráfico y la palabra, no en su justa medida, sino en una constante disposición a la experimentación. Definitivamente, no estamos frente a un libro didáctico, de agenda de enseñanza o a la convencional historia acompañada de ilustraciones. Como nunca, aquí el libro se convierte en un objeto, uno atrayente con el que se puede jugar, que se puede tocar una y otra vez. Que se observa con ojos codiciosos. Que sobresalen en medio de las bibliotecas con mal disimulado orgullo.
Requiere esta búsqueda formal y estética de una conjunción de puntos de vista: la del autor que muchas veces es también el ilustrador, la del diseñador y por supuesto la voz del editor. Un trabajo amalgamador aparentemente alejado del solitario oficio de escribir, que se me antoja similar a una empresa tan complicada como hacer una película, que aunque en muchos casos una sola persona pueda asumir todos los roles, en su camino debe apoyarse en otros nobles oficios. Se necesita de una buena historia (ese “mal necesario” que es un guionista), de un diseñador de arte, un productor, y hasta de un montador. Enfrentar estas realidades crueles pueden sacarlo bruscamente del mundo de la ensoñación imaginativa que hablaba anteriormente pero son, creo, el núcleo de una primera dificultad.
Los diversos lenguajes implicados en un libro álbum (y me refiero a un libro donde las imágenes tengan el mismo valor o aun más, en ciertos casos, que las palabras y no a un cuento ilustrado) se insubordinan constantemente, y a mi juicio, no deberían ser puestas en cintura. Esta aparente contradicción requiere de un gran esfuerzo imaginativo para crear una totalidad integral, un libro que sea al mismo tiempo armónico y coherente pero visualmente osado e innovador. Todo esto, sin perder la naturalidad a los ojos de un chico inquieto que se abandone desinteresadamente al placer estético de descubrir la palabra y la imagen, al simple juego de pasar y pasar las páginas.
Indudablemente, la dedicada labor editorial no debe opacar la espontaneidad imaginativa (o al menos eso es lo ideal). Para uno de los pioneros de los libros álbum, el holandés Leo Lionni, los mejores libros para niños son aquellos que describen los momentos remotos cuando la vida no había sido sometida a las exigencias e imposiciones del mundo adulto. Vuelve esa inquietante relación entre la experiencia adquirida de los mayores que nos permite ser creadores y la aparente incongruencia de la inmediatez del mundo infantil.
Esta "pérdida", que nos llega con la adultez, lejos de producir angustia creativa, se convierte en un duelo interno constante y deleitable tan cercano a la ensoñación diurna que practicaban larga y minuciosamente algunos surrealistas. La utilización de dos códigos expresivos, desde la concepción de las atmósferas hasta el juego con la tipografía, abre las puertas a una serie de posibilidades estilísticas, las que mejor se acomoden a la historia narrada.
Las dificultades temáticas aparecen por añadidura. La ensoñación y esa palabra tan gastada dentro de la literatura infantil que es "fantasía", no excluyen a la realidad. Mi experiencia como lector de libros álbum me ha permitido reencontrarme algunas veces con un mundo infantil visto desde sus propios códigos, aceptando sus misterios y aparentes incongruencias, su elementalidad que no es simpleza. Este acercamiento me ha permitido entender que existe, en la profundidad de sus textos y de sus propuestas gráficas, un género redescubierto por los adultos, a quienes ha ganado en estos últimos años como lectores potenciales. Las niñas y los niños no son seres estáticos ni  perpetuos; se van transformando en lectores avezados, en curiosos exploradores del arte. No hallo diferencias notables, lo mismo pasa con un joven o un adulto que se acerca con afecto y ánimo fisgón a un libro ilustrado.
Prefiero, particularmente los libros donde no se oculta el mundo tras una cortina de humo. Este ha sido el caso de mis libros; el primero de ellos, El señor L. Fante que aborda el tema de la soledad y posteriormente los creados junto al intuitivo ilustrador Rafael Yockteng: Emiliano o la vida cotidiana en las grandes urbes, Eloísa y los bichos con el tema de inmigración y el drama de la adaptación social, Camino a casa sobre los desaparecidos, El primer día sobre los protagonistas anónimos de nuestro proceso de Independencia y Jimmy el más grande que aborda el tema de los niños en los pueblos olvidados. Todos estos títulos, sin embargo, no prescinden de elementos del microcosmos de la infancia o del humor.
Los conflictos, sean infantiles o no, han de tener cabida al igual que la sencillez de la vida diaria que nos da pequeños dolores de cabeza, las injusticias presentes en la sociedad, el desarraigo, las crisis familiares, los problemas de la ecología en un mundo frágil, los miedos, la pérdida de un ser querido, el hambre y la pobreza o los placeres, un día de campo, la gastronomía, las irreverencias que hacen reír de verdad a los más chicos e incluso la revisión pictórica o literaria de algún clásico. Se puede abordar en un álbum un tema no específicamente "infantil" como El Libro de navidad de Auggie Wren de Paul Auster ilustrado por Isol o ir más allá y plantear a los jóvenes lectores temas aparentemente complicados, como la tristeza, la soledad y la depresión profunda que invade al protagonista de El libro triste de Quentin Blake y Michael Rosen.
Todos estos ejemplos, pensados igualmente en su forma gráfica, desde la cotidianidad de los grises en las grandes ciudades, pueden transformarse en fondos negros, rostros amenazantes y colores enérgicos para narrar la cruda realidad urbana sin necesidad de palabras como lo hace la brasileña Ángela Lago en De noche en la calle. Estos sirven de parámetro para evaluar unas temáticas complejas, libres de los prejuicios que han gravitado sobre el tradicional cuento infantil, capaces de interiorizar a los personajes, de situarlos con propiedad en una atmósfera social, verídica algunas veces o completamente irreal en otras, pero en ambos, palpable y disfrutable.
Zanjadas las dificultades artísticas y temáticas, la siguiente etapa de este proceso debe ser la puntada final que corresponde al diseño y la calidad de edición en el libro. Concebido como un todo que fusiona la plástica y lo literario como un objeto estético, la labor del editor de libros álbum para niños o, ya es justo decirlo,  para todas las edades, abarca desde los temas algo profanos -como las opciones en diagramación, la eficacia de la portada, los caracteres tipográficos, el tipo de papel, la encuadernación-  a otros más simpáticos como el contenido, el rumbo conceptual de la historia y cómo se imbrica sólidamente al final, la ilustración y el texto. Ese resultado será una de las primeras experiencias de acercamiento al arte y a la literatura de un futuro ávido lector.
Al fin de cuentas es posible que esa imaginación indomable de la infancia se conserve con el paso de los años, y que el disparate, el nonsense pueda coexistir con la poesía, la prosa o las tradiciones orales en formas que aún no desciframos del todo. Mientras lo averiguamos escribiendo e ilustrando, experimentando con técnicas y temáticas, nuestra experiencia personal se enriquecerá con la visión de los otros, con la infancia revisitada una y otra vez, buscándole constantemente un espacio a la felicidad.

Hacía una definición del Libro Álbum
Una escueta definición (hecha por los especialistas) para los libros ilustrados y particularmente los llamados “libro álbum”, nos diría que es aquel en el cual el texto y la imagen se combinan para construir la historia. Ambos códigos se complementarán, pero ninguno deberá subordinar al otro. Encontraremos igualmente títulos que prescinden de la palabra y construirán una historia sólo con imágenes, pero nunca un libro álbum se presentará sin ilustraciones.
Pero la verdad, más allá de esta definición pretendidamente exacta no logra enclaustrar la riqueza de matices que puede tener este género literario para un lector joven e inquieto.  Joven, digo, porque me refiero a alguien que se enfrenta acaso por vez primera con la imagen y la palabra escrita. Prefiero ceder la palabra al investigador vasco Villar Arellano:
“Hay dos puertas de acceso infantil al universo literario y al ámbito del arte: la primera es la voz del adulto, que transmite a los más pequeños el calor y la fascinación de los relatos; la segunda es la imagen, un estímulo directo e impactante que los sitúa de lleno en un valioso contexto de formas, colores y sensaciones estéticas.
Ahí reside el principal valor del libro ilustrado: en ese papel de iniciación, de entrada al mundo simbólico del arte, al placer de contemplar, imaginar y sentir.

Cada vez hay una mayor conciencia de la función educativa de la ilustración, quizá por eso ha ido cobrando una creciente relevancia dentro de la creación editorial para niños y jóvenes, pasando de ser un elemento auxiliar, un recurso de apoyo para el texto, a constituir parte integrante de la narración. Dicha evolución está también relacionada con el propio devenir de nuestros hábitos culturales y con el desarrollo de nuevas formas de lectura.
Definido entonces el género, diríamos ya para finalizar que ha encontrado además un destino en otros lectores, en los adultos, como pueden ser diseñadores gráficos, artistas, estudiantes de letras o simplemente quienes se sienten atraídos por el libro como objeto. Son momentos de inclusión, que permiten el diálogo y los guiños que no resultan propiamente infantiles, dejamos de ser intermediarios para convertirnos en felices lectores universales. Sobre el interés de los lectores “grandes” a estos libros  el comité de selección del Banco del Libro de Venezuela acertadamente ha tenido en cuenta unas consideraciones pertinentes: A los libros para niños nos acercamos desprevenidos. pensamos que éstos no significan un reto para nuestras capacidades de comprensión. No esperamos encontrar en ellos los contenidos ni las exigencias de una lectura adulta. Nuestras expectativas nos hacen bajar la guardia y mostrarnos más dispuestos, más proclives a conmovernos con un libro para niños.
Lo mismo podría decirse de las ilustraciones. No nos acercamos a ellas con ojos críticos, ni buscamos interpretarlas como quizá lo haríamos cuando visitamos una galería; tan sólo nos dejamos llevar por el poder evocador de las imágenes. Los libros para niños permiten un genuino goce estético, sin prejuicios ni análisis exhaustivos. Así nos entregamos desprevenidamente a una experiencia más cercana.